domingo, 24 de abril de 2011

Soneto a una sombra

Portaba la libertad por bandera
y una maleta repleta de sueños:
exentos de imposiciones y dueños;
sueños forjados en una quimera.

La sombra arribó a una ciudad cualquiera
y en un jardín, con aromas sureños,
reparó en la vacuidad de los sueños,
fraguados un día de primavera.

No se hallaba sola..., se hacía evidente:
los "fantasmas" la habían acompañado,
adquiriendo cualidad de presente.

Y promiscuos, laceraban su mente,
hiriendo aún más, si cabe, el Ser..., dañado
por el recuerdo hasta entonces latente.

© María José Rubiera