miércoles, 27 de abril de 2011

El suspiro del alma

Y nos sorprendió el ocaso:
el astro rey se guardaba
tras la rocosa montaña,
cediendo a la luna el paso.

Y reposaste mi mano
sobre tu pecho moreno
y me susurraste, quedo,
palabras de enamorado:

"¿Oyes agitarse mi alma
al percibir tu contacto?
Escúchala, mi amor, ¿la oyes...?,
ansía amarte, y ser amada.
¿La oyes...? Se sobresalta,
cual torrente despeñado,
al pensarse acariciada
por el roce de tus labios."

Y entonces, por vez primera,
oí los suspiros del alma,
y de tu alma, seductora,
quedé por siempre prendada.

© María José Rubiera