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viernes, 18 de febrero de 2011

Deshojando las margaritas

Me ama..., no me ama...,
le amo..., ¿continuaré amándolo...?
El discurrir cotidiano
en ese menester se va apurando;
se van deshojando las margaritas
y las lígulas desparramadas
en nívea escarcha se van tornando:
¡gelidez que hiela el alma!
El alma, aterida, tirita,
en vano intentará caldearse,
se ha extinguido la llama
que otrora la alimentaba.

© María José Rubiera