lunes, 2 de mayo de 2011

Y se detuvo el tiempo

Enfrentando la mirada a su mirada,
en las mejillas, subido arrebol,
y los ojos cuajados de lágrimas,
dijo, armándose de valor:

"He de hablarte, compañero,
ha llegado el arduo momento
de ponerle fin al juego
y exponerte cuanto pienso.
Pero..., ¿cómo comenzar,
cómo explicar lo que siento?,
¿cuáles palabras usar
para evitar sufrimiento?
¡Ay, qué costoso se me hace,
qué difícil, compañero!,
mas, no puedo ya simular,
queriendo ignorar los hechos:
Has maltratado mi amor,
y tu amor ya no es mi credo,
aun cuando sé que en mi vida
habrá de instalarse el duelo."

© María José Rubiera

Y justo en aquel instante,
decidió pararse el tiempo:
quedó suspenso en el aire,
suspenso en el silencio.

Y ambos vistieron de negro,
vistieron riguroso luto:
él, por su maltrecho orgullo;
ella, por el amor muerto.